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 El Recato y el Mundo
 
 
 
Extraido de La Princesa Singular
 
Nunca en la historia de la humanidad hubo una generación tan exhibicionista. La sociedad actual no conoce límites. Prácticamente, todo lo que se supone que debe estar cubierto y ser privado se exhibe y se ha vuelto público; hasta tal punto, que esta exposición se convirtió en un símbolo de nuestra época.
 
Gente de todas las edades se muestra en público mal vestida, sin el más mínimo reparo o vergüenza. La sociedad dejó de sentir el pudor natural con respecto a la exposición excesiva y desconoce completamente lo desagradable que resulta y la falta moral inherente a este comportamiento.
 
Nos preguntamos, ¿cómo llegó a hacerse posible esta realidad imposible?
 
Mientras que es verdad que a la mayoría de la gente no le importa mucho su manera de vestir, o mejor dicho, su falta de vestimenta, y simplemente siguen los dictados de la moda, hay una razón más profunda para este fenómeno. Esta se origina en la falta de creencia en un Creador. Así expresa este concepto el Rab Itzjak Hutner, zt’l: “Existe una gran diferencia entre la falta de recato “de pesadilla”, con la que nos 
confrontamos en la actualidad, y las manifestaciones de falta de recato que aparecían en épocas anteriores.
 
La falta de pudor de hoy en día no es simplemente un tropiezo o un desvío. Por el contrario, no es más que una rebelión contra los principios de la fe que se encuentran en la esencia del recato y contra cualquier tipo de enfoque elevado de la vida” (Pajad Itzjak, línea 49).
 
De manera similar, el Rab Eliahu Lapián, zt’l, escribe: “Debido a nuestros numerosos pecados, surgió en nuestra época, una plaga de libertinaje público y falta de pudor. La atmósfera desenfrenada de corrupción e indecencia, cuyo origen es la herejía, la negación de Hashem 
Itbaraj y Su Torá, arrojó a jóvenes y viejos, niños y mujeres, a las profundidades. Los pecadores envenenaron el aire, convirtiendo el corazón 
en tonto y corrupto; por eso, todos deben cuidarse para no contaminarse con esta enfermedad, D’s no lo permita” (Lev Elihayu, vol. 1, p. 37; vol. 2, p. 236).
 
Cuando una persona niega, D’s no lo permita, la existencia del Creador, comienza a ver que él no es más que un animal sofisticado. Según este punto de vista, él, como los monos, a quienes considera sus antepasados, necesita poca vestimenta.
 
El Marán HaGaón Rab Iaacov Kamenetsky, zt’l, Rosh Ieshivá de Torá Vadaat, estaba una vez viajando en avión, desde los EEUU a Israel, junto con varios de sus nietos. Cada tanto, en el transcurso del viaje, los nietos se acercaban al Rab Iaacov para atender respetuosamente a todas sus necesidades. Ellos le concedían a su ilustre abuelo el honor que merecía, como uno de los más grandes roshe ieshivá de la última generación. En el mismo vuelo, cerca del Rab Kamenetsky, estaba sentada una personalidad muy conocida, que en ese entonces era presidente de la Unión de Trabajadores de la Histadrut. él observó el espectáculo con gran sorpresa y envidia.
Casi al final del viaje, no pudo quedarse callado por más tiempo. Al acercarse al Rosh Ieshivá, le preguntó: “¿Cómo es que sus nietos le demuestran un respeto tan increíble? Yo también tengo hijos y nietos, pero ninguno me trata de esa manera. ¿Puede decirme cuál es su secreto?”. Mirándolo con compasión, el Rab Iaacov le respondió: “El pueblo judío, que sigue el modo de vida de la Torá que se nos transmitió en el Sinaí, sabe reconocer y apreciar la grandeza de aquellos que los precedieron”.
El Rosh Ieshivá pasó a enumerar la cadena de generaciones judías, época tras época. “Cuanto más lejos esté una generación de la gloria de los que vivieron previamente, relativamente más disminuida se va a tornar esta, en muchos aspectos. Esta es la razón por la que mis nietos respetan a su abuelo, que vino dos generaciones antes que ellos y que vio, con sus propios ojos, hombres grandes en Torá que con devoción se sentaron en el polvo de los gigantes que vinieron antes que ellos.
”La visión que usted tiene del mundo es el polo opuesto. La gente joven mira con desprecio a los que son mayores que ellos y piensan ¡que los 
mayores no les llegan a los talones! Después de todo, ellos, los jóvenes, son más ‘sofisticados’ que sus padres, gracias al conocimiento 
científico avanzado. ¿En base a qué quiere usted que sus hijos le concedan respeto a la generación anterior a ellos?”.
(Tal como lo contó Rab Itzjak Zilberstein, shlita).
 
“El hombre es la gloria de D’s; la gloria del hombre es su vestimenta” (Derej Eretz Zutah 10). 
Como judíos creyentes, sabemos que el hombre fue creado a imagen de D’s; por lo tanto, es un ser único y superior. Como tal, él posee en su interior la cualidad fundamental de la vergüenza, que es un prerrequisito del recato. Las mujeres, en especial, fueron creadas con esta cualidad, ya que D’s las formó de la costilla, una parte del hombre que está oculta. ”Cuando D’s creó a la mujer, él observó de donde podía crearla, de un lugar oculto del hombre. Y mientras formaba cada uno de sus miembros, él le ordenaba ‘Sé una mujer recatada, sé una mujer recatada’” (Bereshit Rabba 18:2).
 
Lamentablemente, en la amarga y dolorosa realidad de nuestra época, muchas mujeres se desentienden rápidamente de este elevado aspecto. Las tiendas están repletas de ropa indecente y las mujeres la compran y la usan, a pesar de que esta se contradice con su naturaleza esencial. Al principio, una mujer puede sentirse incómoda con ese escaso atuendo que no la cubre en forma adecuada. Sin embargo, como los humanos nos “dejamos llevar por la corriente”, siguiendo las tendencias imperantes, ella pronto supera esa falta de confort y se acostumbra a ello. En muy poco tiempo, la mujer pierde la sensibilidad y ya no vuelve a pensar en su aspecto indecoroso.
 
A pesar de ello, existen herramientas que nosotros, los seres humanos, podemos utilizar para que nos ayuden a aferrarnos a nuestra sensibilidad natural en esta área. Debemos usar estas herramientas y no dejarnos arrastrar por las modas pasajeras. La situación actual es un insulto y una vergüenza para todos nosotros.
 
Toda la humanidad desciende del primer hombre, Adam, a quien le fue dado ese nombre porque fue creado a imagen y semejanza de D’s. Como dice el versículo “Creó D’s al hombre a Su imagen, a imagen de D’s él lo creó” (Bereshit 1:27). En el Midrash, Rabí Meir compara la imagen del hombre con la de su Creador, considerando que D’s Mismo le dio a Adam y a Javá vestimentas y los vistió con “una vestimenta de luz” (Bereshit Rabá 20:29). Se dice que D’s “envuelve en un manto de luz”, en el sentido de vestimenta (Tehilim 104:2).
 
El Shela Hakadosh, en Toldot Adam (tercera introducción), escribe: “Si él se aferra a D’s y trata de emularlo siguiendo Sus caminos, su nombre va a ser en esencia, ‘Adam’, que proviene del término adamé l’elion: ‘Voy a asemejarme al Altísimo’ (Yeshaiahu 14:14). De hecho, el nombre del hombre, cuya connotación denota el parecido con el Todopoderoso, refleja este propósito esencial”.
 
Por lo tanto, todo ser humano posee una sensibilidad natural e innata con respecto al recato. Cuanto más es así respecto de nuestra nación, el 
Pueblo Elegido, que ¡se destaca en esta cualidad! “Así como la paloma es recatada, también lo es Israel” (Shir Hashirim Rabá 1:63). Las mujeres judías, en especial, reciben recompensa por desarrollar esta virtud. “La cualidad del recato es valorada en extremo especialmente en las mujeres” (HaMeiri, Yoma 47 a). “El recato es la alabanza primordial de una mujer y su alto nivel espiritual” (Kitve HaMaharal, vol. 2, p. 340).
El Rab Moshe Feinstein, zt”l, explica que aunque la idea principal del recato es el recato frente a otras personas, también se expresa este 
concepto entre el hombre y D’s: “Por el honor del Cielo, ya que ‘el mundo entero está lleno de Su gloria’”, y también con respecto al hombre consigo mismo: “El concepto de recato se aplica incluso con respecto al propio individuo, quizás para entrenarlo en este aspecto” (Igrot Moshe, Yore Dea, vol. 3, p. 283).
 
Rabí Izjak de Corbeil incluye el mandamiento de ser recatado en la cuenta de las mitzvot: “Ser recatado, como dice el versículo, ‘para que tu campamento sea sagrado’ (Devarim 23: 15). Como está escrito: ‘Camina en forma recatada con tu D’s’ (Mija 6:8); uno debe comportarse en todo, de manera recatada y no con libertinaje” (Semak, mitzvá 57).
 
Una de los motivos de la falta de vergüenza en el mundo es la insolencia creciente. Vivimos en una época que el Rab de Ponevich, Rab Iosef Shlomo Kahaneman, zt”l, denominó ikveta de Meshija: la era en la que oímos los pasos del Mesías. Durante los largos años de exilio, los judíos rezaron, esperaron y anhelaron la llegada del Mesías. Y nosotros somos la generación elegida para vivir en una época en la que ya podemos oír la aproximación de sus pasos.
 
Nuestros Sabios (Sotá 49 b) nos dan una descripción detallada del mundo en la generación previa al Mashíaj:
“En la época que va a preceder la llegada del Mashíaj, la insolencia va a aumentar y los costos van a subir. La parra va a dar sus frutos pero el 
vino va a ser caro; el gobierno se va a volcar a la herejía y la reprimenda no va a existir. El (antiguo) lugar de reunión (de los Sabios) se va a usar para prostitución; la Galilea va a ser destruida y el Gavlan va a quedar desolado; la gente (que vive) en las fronteras va a deambular de ciudad en ciudad y no la van a socorrer. La sabiduría de los escribas se va a deteriorar, los que temen al pecado van a ser despreciados y la verdad va a estar ausente. La juventud hará palidecer los rostros de los mayores y los mismos se pondrán de pie en presencia de los menores. El hijo se burlará de su padre; la hija se levantará en contra de su madre y la nuera en contra de su suegra; los enemigos del hombre serán los de su propia casa. La cara de la generación será como la cara del perro; el hijo no sentirá vergüenza (en presencia) de su padre. ¿En qué, entonces, podemos apoyarnos? ¡En nuestro Padre en el Cielo!”.
 
Ante todo, nuestros Sabios nos dicen: la insolencia va a aumentar y a proliferar. De hecho, la jutzpá (insolencia) es la característica que más 
sobresale en nuestra época. La misma va estar acompañada de un gran número de diversas actitudes indignantes, que nuestros Sabios describen de manera tal que pareciera que estuvieran viviendo entre nosotros para atestiguarlas en persona. Es evidente, ante cualquier persona, que la falta de recato surge directamente de la insolencia (Jovat Halebabot, Shaar HaBejina, cap. 5).
 
La práctica más difundida y aceptada de todas estas actitudes es la de los hijos en contra de sus padres, la cual está respaldada por los así 
llamados profesionales que los absuelven de la más mínima culpa. Los estimulan para que echen la culpa de todos sus problemas y faltas a sus padres. Dicha conducta es el súmmum de la insolencia y la ingratitud y contradice los conceptos judíos de la Divina Providencia y el libre 
albedrío. La persona es, en última instancia, la responsable de sus acciones y no puede culpar a otros por sus propias fallas. Además, el hecho de echar la culpa constituye la negación completa del mandamiento de honrar y reverenciar a nuestros padres y maestros. Tanto la insolencia como la falta de recato surgen de la ausencia del auto-respeto, así como también de una flagrante falta de respeto por los demás y por el Creador. Esta es la causante directa de la ruptura de las familias.
 
¿Qué nos pide D’s en momentos como estos?

Los que tenemos el privilegio de haber sobrevivido y somos observantes de Torá y mitzvot tenemos una misión: difundir la luz a las naciones. “Pues eres un pueblo consagrado a Hashem, tu D’s; a ti te eligió Hashem, tu D’s, para que Le seas Su más preciado pueblo entre todos los pueblos de la tierra” (Devarim 7: 6). Debemos ser profundamente conscientes de que tenemos la capacidad de influir en el mundo que nos rodea. Ahora, más que nunca, debemos mantenernos rectos, fuertes y respetuosos, y servir como modelo de recato. Debemos cumplir nuestra misión como representantes de una cualidad que es a la vez tan natural y tan admirada: la vergüenza. Una cualidad que el mundo actual lamentablemente ha pisoteado con su pie arrogante.
 
El Jafetz Jaim, zt”l, escribió lo siguiente: “En el final del exilio, donde nos encontramos hoy en día, existe una terrible guerra entre la pureza y la impureza; la impureza ha arrojado flechas devastadoras… Sólo algunos emergieron de la guerra con sus miembros intactos. Estos son los 
sobrevivientes que D’s ha llamado. Ellos son los héroes verdaderos. Son las personas de Torá… Cada persona, en su nivel, estimula a otros 
sirvientes para que realicen Su trabajo con fidelidad…” (Jafetz Jaim en Naj).
 
Ciertamente, tenemos mucho de que alegrarnos. Después de todo lo que el pueblo judío ha soportado durante más de dos mil años de persecución, todavía estamos aquí, leales a nuestra herencia nacional. Pero esto no es suficiente. Debemos luchar para emular a nuestros antepasados en todos los aspectos de nuestras vidas. No es una tarea fácil. En un mundo en el que el recato está en el punto más bajo de lo que alguna vez estuvo, ¿cómo podemos hacer realidad esta misión con fuerza y confianza?

 

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